Ni las musas son tan caras, ni hay rima que lo merezca
El Guillermo Ortiz poeta, hasta ahora, gracias a Dios, inédito
Ser poeta no debería ser una aspiración descabellada: mi madre ha escrito algunas de las canciones más bonitas de la música pop española de los 90 y mi tío se defiende con cierta habilidad. En principio, está en mis genes, sólo habría que ponerse a buscar concienzudamente.

Ahora bien, hay un gran problema: no leo poesía. Pretender que uno puede escribir sin leer es pretender demasiado. Casi igual que pretender que basta con leer mucho para escribir bien. No, al revés no funciona.

El caso es que llegó 2003 y la crisis de los 26 y María me regaló un libro de Ángel González y de repente todo lo que salía, salía en forma de poema. Verso libre, por supuesto, esa licencia que se permiten los genios y los mediocres. No es falsa humildad asegurar que yo me incluyo en este último grupo.

Aún así, me apetecía compartir esto con vosotros. Quizás a alguien le diga algo. Quizás, alguien, ahora, entienda algo.

5 de septiembre de 2003

Descartado

Adjetivos calificativos

De pronto, el silencio

El poder del insomnio

Estupor

Frío

La rabia y el orgullo

La revolución pendiente

Los restos del naufragio

Mantra de un soñador

Pequeños objetivos

Sabiduría popular

Todo es nada

Tormentas

Tortura