Podría resumir mi vida profesional -y en eso incluyo también la escritura, probablemente porque
me tomo demasiado en serio- con una frase del verano de 2003: "Sofres me paga para que yo pueda escribir
gratis". Años después, alguien lo calificó como "prostitución de lujo". Probablemente, tenía razón.
Me refería entonces a Sofres AM, empresa de medición de audiencias en la que trabajé varios meses, delante de un ordenador
visionando -verbo terrible que se utiliza demasiado en la profesión- cadenas digitales para minutar sus contenidos. Ponerme
a explicarlo detenidamente me tomaría demasiado tiempo. El caso es que me pagaban por hacer algo que detestaba, o que, si se quiere,
no me aportaba absolutamente nada a mi vida personal.
Ahora bien, a cambio ganaba dinero. Y eso me permitía escribir críticas de cine, reportajes literarios, ir al Festival de San Sebastián,
al de Valladolid, algunas críticas de música... todo ello gratis, sin cobrar nada porque, no nos engañemos, aquí prácticamente nadie da nada
por este tipo de cosas.

Podría haber sido profesor de filosofía -estudié incluso el primer año de Doctorado-, pero la filosofía no era un fin, sino un medio. Una manera
de expresarse mejor, con sentido, dejando claro lo que se quiere contar... Una vez que vi claro que no iba a seguir la senda académica he hecho de la prostitución,
de la falta de vocación una experiencia sinuosa: traductor, periodista deportivo, analista político, teleoperador, minutador nocturno, profesor de academia -incluso
di clases de Informática, asombroso-... todo para llegar a este punto en el que he conseguido publicar mi primer libro en solitario y tener el convencimiento
de que no va a ser el último.
Sólo hay una cosa que me gustaría saber hacer y es escribir y estoy en el camino. Siento el resto de mi vida, en casi todos sus aspectos, como una especie de excusa.
Hasta ahora no ha habido gran cosa. Años y años de relatos de "chico busca a chica", algún premio secundario en Tarragona, en Sevilla, en Madrid...
poesías publicadas en páginas literarias, un curso en la Escuela de Letras, que acabé en pelea con casi todos los profesores porque no era un gran alumno,
me costaba demasiado escuchar -sólo que escribir, en su esencia, consiste precisamente en saber ver, en saber escuchar-, la experiencia maravillosa de los "Vampiros, Ángeles, Viajeros y Suicidas"... En definitiva, lo dejo casi todo para más adelante.
Me gustaría pensar que soy joven y tengo un gran futuro por delante. O, por lo menos, que el cincuenta por ciento de esa frase sigue siendo verdad.