
Si uno se fija en la colección de la revista Almiar, "Junio" trataba sobre dos chicas que compartían piso. Una chateaba por Internet, harta,
protestando por todo lo que no le gustaba de Madrid y amenazando con volverse a Santander. La otra chica, con la que se supone que le une, al menos,
una cierta atracción sexual, se prepara para salir y contesta sus quejas con cierta displicencia.
La situación me gustaba, el relato no me parecía que estuviera demasiado mal resuelto. Ahora bien, no le gustó a nadie. Por un momento, pensé
que podría tener que ver con un cierto prejuicio contra las historias de lesbianas -aunque las chicas, en realidad, no eran lesbianas, por mucha atracción
que hubiera entre ellas- pero se lo enseñé a una amiga que, como poco, coquetea con la bisexualidad, y tampoco le gustó nada.
Conclusión: la sociedad no era la culpable. Mi relato era malo. Ya quedará para más adelante.
Así pues, recurrí a algo fácil, pero a la vez bonito. La historia del chico que ve amanecer desde una torre de Aluche mientras hace tiempo
para huir de la casa de una chica a la que acaba de conocer. No es precisamente tierno, pero tampoco demasiado duro. De hecho, algo muy similar
ya lo había publicado en "Madrid y sus Contrastes", también dentro de Almiar.
Yo lo que quería era retratar la sensación de hostilidad que tienes cuando sientes que has profanado algo: un barrio, por ejemplo. No sé si lo conseguí,
quizás era un objetivo demasiado pretencioso.
Podría haber sido un ejercicio de Photoshop, pero si no lo íbamos a hacer con ninguna otra, pues no tenía sentido hacerlo aquí. La idea era: el reflejo de un chico en la ventana. El chico
está mirando a la ciudad con un tono mortecino, de amanecer -en blanco y negro, no es difícil de conseguir que lo parezca, pero sí es imposible que de hecho lo sea- y de fondo, tras el cristal
se tenían que ver determinados edificios de Madrid que aparecen en el relato.
Tenía especial interés en que apareciera el Edificio Iberia, a poder ser con los neones encendidos.
Problemas: ni Fd, ni yo, ni Juan -lo más parecido a un modelo que sale en el libro, al fin y al cabo, es actor- estábamos dispuestos a hacer las fotos al amanecer. Incluso, cuadrar
las agendas de los tres ya era muy complicado. Tampoco teníamos dónde hacer una foto en la que se pudiera ver todo lo que yo pedía. Como mucho, podíamos
utilizar un edificio de Herrera Oria con las Torres KIO de fondo.
No era demasiado original, si se piensa. Las Torres KIO se han convertido en un tópico, con el paso del tiempo, especialmente desde que Álex de la Iglesia las utilizara por primera
vez en "El Día de la Bestia". Además, conseguir un ángulo en el que se viera a Juan, su reflejo en el cristal y los edificios de fondo era imposible. Como suena.
Conseguimos una foto excelente de Juan y su reflejo y otra foto excelente de la sombra de Juan con las torres nítidas de fondo. Eso es lo más que se podía pedir, y no era poco. Una la elegimos
para el libro, la otra la podéis consultar en la sección de fotos. Merece mucho la pena.
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