Los espectadores se miraban los unos a los otros, incrédulos: ¿realmente esa canción fue compuesta por Joaquín Sabina?, ¿acaso la voz aterciopelada y tersa de ese barbudo
desconocido no era la ideal para los matices y colores de la canción? La perplejidad dio paso al entusiasmo y el entusiasmo a la ovación cerrada, la admiración, el reconocimiento.
Ninguno de los que allí estaban lo olvidarán. Un crítico -que ha preferido mantener el anonimato- llegó a decir: "He visto el futuro del pop-rock y se apellida Ortiz".
En medio de varias actuaciones de profesionales y tras el largo y tedioso concierto de su tío, Guille Ortiz hizo que por fin mereciera la pena pagar los 15 euros que Rubén Martínez
y Víctor Alfaro hicieron pagar a los 500 asistentes a la sala Galileo. Se rumorea que, para la actuación de Clamores del día 13 de marzo, la organización
se limitará a poner un play-back y dejar a Ortiz cantando durante horas.
"No les saldrá barato", ha advertido ya el avaro y tacaño escritor.
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