Cómo se hizo... Enero
El relato

En el orden original de la serie, tal y como se publicó en la revista Almiar, "Enero" era en realidad "Febrero". Incluso, algún mes después, apareció en Elsemanaldigital.com bajo el título "Poco después... un poco antes", un título realmente deleznable y muy poco original y que, si se piensa, no quiere decir nada.

Durante algún tiempo, pensé en poner subtítulos a los relatos de esta serie, quizás porque "Enero", "Febrero", etc. me quedaba un poco soso. Me recomendaron que no lo hiciera así y no lo he hecho, y la verdad es que para poner un título como el que he dicho antes, pues mejor algo soso. Siempre es mejor ser soso que pedante, creo yo, pero eso va en gustos.

El caso es que "Enero" era "Febrero", no ya porque la historia real -aquí no se va a hablar de historias reales- fuera en febrero, sino porque, normalmente, en Madrid, no nieva en diciembre ni en enero, sino en febrero, y me gustaba la idea de un paseo en taxi por una ciudad que amanece nevada. Me gustaba incluso la idea de los primeros resplandores brillando sobre la nieve, vistos desde la perspectiva de alguien que no ha dormido esa noche.

Me parece un relato tranquilo, que equilibra bien las dos historias, pero, cuando lo escribí, casi era una excusa para poder utilizar la última frase. "Me he dejado algo en la habitación" me parecía una frase que pegaba mucho en esa situación. Me refiero a la utilización de "algo", claro está, y no "alguien".

Para los curiosos, decir que el viaje tal y como estaba pensado empieza en la calle Gran Vía a la altura de la Red de San Luis -Red de San Luis Street para los extranjeros, según nuestro alcalde- y la calle Orense, esquina con Sor Ángela de la Cruz. Es un paseo bonito.

La sesión de fotos

No me voy a detener a explicar cómo surgió la idea de ponerle una foto a cada relato, porque es una historia ya contada, así que iré directamente a la cuestión.

Tenía que ser una chica fumando encima de una cama. Tenía que ser desde una visión no lateral pero tampoco estrictamente frontal. La chica tenía que estar pasando mala noche, pero tampoco queríamos hacer un drama de ello. Es decir, estaba pensando y estaba preocupada, pero no por nada en concreto sino algo parecido a "¿qué demonios hago aquí?".

No era estrictamente necesario, pero tanto Fd como yo estábamos de acuerdo en que la chica fuera alta y con piernas largas, porque se le tendrían que ver. Además, me interesaba un gesto muy femenino: las piernas recogidas sobre el pecho.

Tardamos muy poco en elegir a Silvia Cabrera. Lo realmente asombroso de estas sesiones fotográficas es que ninguno de los que aparece es modelo profesional, son simplemente amigos -casi todos salidos del mismo bar- y todos dijeron que sí a la primera.

A la pobre Silvia, además, le tocó la sesión más larga. Estuvimos una mañana entera en el estudio de Fd sacando foto tras foto: con camisa blanca, con jersey, con una taza, sin la taza pero con un cigarro, de lado, de frente, sentada, recostada...

Fácil que se fumara un paquete entero a base de repetir y repetir y repetir...

El problema que tuvimos después fue que Silvia salía tan bien, que en ocasiones era difícil que el lector prestara atención al relato y esto no dejaba de ser un libro. Descartamos algunas fotos fantásticas por su sugerencia, dejamos algo sobrio, en la que ella se luce menos pero que se ajusta más a lo que buscábamos.

La responsabilidad de abrir con la propia imagen un libro no es pequeña. Hay que darle muchas veces las gracias a Silvia a.k.a. La Camarera Morena a.k.a. La Camarera Filósofa. Es el mejor principio posible.


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